martes, 5 de abril de 2016

(Francisco Perea) Paco, el amigo de Maracaibo

Un personaje que Andalucía parió pero que la ciudad de Maracaibo adoptó. Ese es Paco, un hombre que fundó hace casi 50 años Casa Paco, lugar pleno de encantos.

por MARÍA DE LOS SANTOS GALBÁN

Una casa con fachada de barriles de madera empotrados en la pared, ha albergado a maracaiberos, turistas, artistas y políticos por 46 años. ¿Su anfitrión? Paco, un español que llegó a Maracaibo cuando cumplía 23. Seis décadas después todavía abre y cierra la puerta de ese lugar que es tres en uno: bar, restaurante y discoteca.

Es amigable, de baja estatura, siempre sonriente y dadivoso. Cuenta que Maracaibo lo ha aguantado mucho, pero asegura que él también le ha pagado muy bien a la ciudad con Casa Paco. "Hice a Ricardo Montaner, a Karolina con K, a Roberto Antonio. Todos los políticos venezolanos han pasado por esta barra y me ha tocado consolar y compartir las tristezas y alegrías de mis clientes". Desembarcó del ferry en el año 56. Llegó al Milagro. Recuerda que no era lo mismo de ahora. "No había carreteras, busqué la plaza Bolívar, porque me recomendaron el hotel que quedaba al lado de la Catedral y efectivamente allí llegué. Era el hotel Las Palmas, y la dueña, una señora española que nos atendió muy bien. Nos dio cobijo, las tres comidas y lavado de ropa por 10 bolívares mensuales ¿Qué más queríamos?".

Al poco tiempo comenzó a trabajar en el Mara Bar del Hotel del Lago. Ese fue su primer trabajo y duró siete años. Se pasó a la Naveca, unas lanchas que pusieron en Maracaibo antes de estar el Puente sobre el Lago. Arrendó la fuente de soda de Cabimas y estuvo dos años con ella. Saltó a San Francisco a trabajar en un club que se llamó El Escondite y luego compró una taberna, Le Petit Bar. "Me costó 40 mil bolívares". Más tarde, le propuso a un amigo español que era chef, montar un restaurante y así nace Casa Paco en octubre de 1968.



Su reflejo

Este querido personaje afirma que toda Casa Paco es su inspiración. Los cuadros en semiluna con retratos de toreros y pinturas dramatizadas de su pueblo natal, Andalucía, adornan las paredes del restaurante y la discoteca. "Soy una persona que me ha gustado mucho la fiesta brava, desde niño, y en Maracaibo no existía algo así. En esa época teníamos la Plaza de Toros de madera que la acababan de hacer, y se hablaba de una plaza nueva. Todo eso me inspiró y vi que había un ambiente bastante lógico para montar un negocio así como éste".

En su hogar solo desayuna y en la tasca almuerza y cena desde que Casa Paco existe. ¿Cuál es su plato predilecto? "Aquí todo lo hacemos con cariño. A la gente le gusta mucho la paella que se prepara aquí pero a mí me encantan todo".

Su "vicio" es ser feliz. La personalidad lo delata y el discurso de vida que ha practicado estos años, encaja a la perfección. "Todo está en la comunicación. A mí me gustó el carácter de la gente de aquí, es muy parecido al de los andaluces. Muchos dicen que la calle es mala pero para mí no; es buena porque te enseña y te alimenta. A mí siempre me ha gustao visitar bares, restaurantes, la noche es mi amiga", confiesa con algo de acento andaluz. Entonces, ¿usted es lo que ahora llamamos rumberos? "Toda la vida, genio y figura hasta la sepultura", y ríe.

A Paco Maracaibo no sólo le dio un negocio próspero. Aquí formó su familia. Del primer matrimonio tiene tres hijas. "Asunción es la que más se parece a mí en el físico". De su segunda pareja, nació un hijo, Paquito; él espera que herede su vocación de anfitrión. "Es que este trabajo es para varón".

¿Usted es famoso en Maracaibo? "Gracias a Dios. Es que fíjate, yo voy al supermercado y me encuentro con algún muchacho que me dice: '¿Usted es Paco?', yo le digo 'sí' y alegre me abraza y me pregunta '¿No se acuerda de mí? Yo le despachaba en el supermercado cuando iba a hacer las diligencias para su negocio'. Ahora ese muchacho es ingeniero y así me pasa con muchos".

Francisco Perea Martí es su nombre de pila. Un andaluz que llegó a Maracaibo con muchas ganas de trabajar y que ese deseo se tradujo en la taberna más famosa de la ciudad: Casa Paco. Un lugar de generaciones. Intacto. Como él. Porque convencido señala que su caparazón se ha arrugado, pero su vida no. Hay una cosa más que no se ha alterado en él, su apodo. "Desde niño me decían Paco y mi socio me propuso ponerle así al negocio porque era un nombre que calaría bien aquí. No se equivocó. Y bueno, soy Paco y aspiro durar mucho para que Maracaibo me siga aguantando".
Publicado originalmente en:
Paco, el amigo de Maracaibo - Entretenimiento

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