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Con el tupper en el avión, la moda que imponen los vuelos low cost

Cambio de hábitos a la hora de volar, una consigna básica para aprovechar al máximo los atractivos precios del modelo a aerolíneas de bajo costo.

Con el tupper en el avión, la moda que imponen los vuelos low cost
Con el sándwich propio, la moda que imponen los modelos low cost (La Vanguardia y Getty)


Cuenta la leyenda que alguien decidió calcular el ahorro de una compañía aérea quitando una aceituna de cada ensalada servida a bordo. La cifra debió ser descomunal, porque aquello fue el principio del fin para la comida gratuita en los aviones. Hasta ahora los vuelos más largos se quedaban al margen de estos recortes, pero el estreno de rutas low cost de España a América ha acabado también con esto. Norwegian y la nueva Level de Iberia ya ofrecen tarifas en las que ni podemos facturar equipaje ni nos dan comida. Dure lo que dure el vuelo.
Volar desde Barcelona hasta Estados Unidos o Sudamérica por algo más de 100 euros por trayecto es algo que hasta hace poco sonaba impensable. Este es el precio de partida que anuncian las líneas aéreas –otro tema será poder encontrar ese precio tan reducido– que ya operan rutas low cost entre España y diferentes ciudades americanas.
Tras el entusiasmo inicial y la emoción de poder cruzar el Atlántico por, aparente, muy poco dinero, llegan las dos preguntas del millón: ¿cuánto se tarda? y ¿qué incluye el ticket? La primera dependerá del destino, pero hablamos de rutas como Barcelona a Buenos Aires, que suponen unas 13 horas de vuelo.
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La segunda es más sencilla: la tarifa más básica no incluye ni equipaje facturado ni comidas a bordo. Exacto, la política de las líneas de bajo costo, pero ahora en versión intercontinental. Así que quienes ya creían que un vuelo europeo de 5 horas sin nada que llevarse a la boca sin pasar por caja rozaba lo inhumano, ahora la cosa se amplía.
Pocos se atreven
“La gran mayoría de los pasajeros optan por la tarifa LowFare+, que incluye comidas (desayuno y comida o comida y cena, dependiendo del horario), equipaje facturado y auto elección de asiento”, explican desde Norwegian cuando les preguntamos por este tema. La perspectiva de un viaje de estas características sin nada que comer y encima con el asiento elegido de forma automática –siempre elige el peor, todos lo sabemos– no parece un buen plan de viaje para irse a la otra parte del mundo.

Con el tupper en el avión, la moda que imponen los vuelos low cost
Diferencias: la abundancia en la comida a bordo en los años 60, vs los recortes que aplican hoy las aerolíneas (La Vanguardia).
Un momento, ¿y si tenemos sed? Lo preguntamos casi como un chiste, pero pocas bromas. El carrito de bebidas gratuitas también pasará de largo si somos de esos aventureros que volamos con la tarifa más baja. “En el caso de que sea necesario se le puede ofrecer un vaso de agua sin costo alguno”, nos consuelan.
Y es que la comida es siempre la primera víctima cuando se trata de meter tijera a las tarifas. Si ocurre desde hace años en las compañías regulares, en las low cost hay menos miramientos. “Intentamos atraer a los clientes ofreciéndoles un viaje a un precio competitivo, de bajo costo y de alta calidad, donde pueda elegir los servicio que quiera disponer: equipaje, comidas, reserva de asiento…”, argumentan desde la línea noruega.
¿Y si me llevo mi propia comida?
Evidentemente no se trata de hacer una huelga de hambre y sed durante el vuelo. De hecho, quienes insistan en comprar la tarifa más barata pueden –hasta 72 horas antes del vuelo– reservar un menú que incluye lo típico de los vuelos con tres variedades y precios: economy, premium e infantil.

Con el tupper en el avión, la moda que imponen los vuelos low cost
Hace poco, se viralizó esta foto que subió a Twitter un pasajero celíaco: pidió un desayuno gluten free y le dieron una banana.
Por supuesto, también hay todo tipo de versiones para vegetarianos, veganos, sin lactosa, sin cerdo… Y si se nos olvida encargar el menú por adelantado y entra el hambre, nos explican que también hay un servicio de aperitivos durante todo el vuelo. Pagando, se entiende.
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La otra alternativa es, posiblemente, la más interesante. Sobre todo para quienes se resisten a sobrevivir con los menús aéreos que, incluidos o no en el precio, ya se sabe que no suelen brillar por su calidad. Y es que sí, aunque muchas veces se olvida, podemos embarcar a bordo nuestra propia comida.

Con el tupper en el avión, la moda que imponen los vuelos low cost
Vianda lista para disfrutar en el avión (Getty)
¿Los límites? Los habituales para el equipaje de mano. Es decir, aunque los bocadillos sean la opción más habitual, no hay absolutamente nada que nos impida volar con una tartera con una tortilla de papas, unos quesos para picar y algún postre. Los límites, confirman desde Norwegian, son los que marca la seguridad –nada de líquido– y el tamaño y peso del equipaje en cabina: 10 kilos si volamos con la tarifa más barata sin comida.
¿Bebidas?
La cosa se complica si hablamos de bebida. Evidentemente, tendrá que comprarse en la zona de preembarque tras cruzar el control de seguridad, pero incluso así, hay que tener en cuenta que el consumo de alcohol está prohibido expresamente por la mayoría de compañías aéreas. Alcohol propio, se entiende, porque con el comprado o incluido en el menú no hay límites.
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Es decir, uno puede viajar con una o media docena de botellas de vino, pero nada de hacer una cata a bordo con ellas, al menos así sucede en Europa. No ocurre lo mismo en otros países, que tienen una política más permisiva en este sentido. Por ejemplo, la regulación en Estados Unidos simplemente especifica que será siempre la tripulación la que se ocupe de abrir las bebidas que lleve el pasajero.
¿Si es una lata o vino de rosca también?, cabe preguntarse. Parece que sí, porque no se trata de evitar un sacacorchos –que no se podría subir a bordo, por cierto– sino que el personal de vuelo vaya controlando la cantidad de alcohol que bebe el pasajero, aunque para ello tenga que ir sirviéndole su propia botella.
Desgraciadamente, las nuevas low cost que operan desde España a América no operan bajo esta misma política. Vía libre para los tuppers caseros, pero si se quiere acompañar con algo de alcohol para hacer más ameno el viaje, toca pasar por caja.
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Pero incluso con agua, lo de la tortilla y un poco de pan no parece tan mal plan para cruzar el charco en condiciones. Sin duda, mucho mejor que el “pollo o pasta” de turno.
Iker Morán / La Vanguardia

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